trastorno afectivo estacional

TRASTORNO AFECTIVO ESTACIONAL

¿ESTARÉ DEPRIMIDO?

En términos de salud mental, debes sospechar de DEPRESIÓN cuando…

• La intensidad elevada de una tristeza (manifestada también como irritabilidad), se encuentra presente la mayor parte del día.

• Se acompaña de una pérdida interés o placer para disfrutar las cosas.

• Tiene una duración mayor a 2 semanas, encontrándose presente la mayor parte del día.

• No constituye una respuesta razonable para la mayoría de las personas.

• Otros síntomas que pueden estar presentes se encuentran los que repercuten en la calidad del sueño, alteran la concentración, afectan el apetito, condicionan fatiga y todos aquellos sentimientos que generan culpa o inutilidad excesiva (incluyendo los pensamientos de muerte).

La depresión es una enfermedad real, no es un signo de debilidad de una persona, ni falta de “echarle ganas”; motivo por lo cual debe ser tratada por personal calificado en Salud Mental.

Dado que es una entidad compleja (cada persona percibe la intensidad de sus emociones de manera distinta) y con amplio espectro de manifestaciones, se puede categorizar con base al tipo de síntomas (afectivos, cognitivos, somáticos, conductuales); no olvidando que los síntomas pivote u claves para sospecha de una depresión es mantener un estado de ánimo triste persistente y perdida de interés o capacidad para disfrutar u obtener placer (anhedonia).

A PROPÓSITO DE FECHAS INVERNALES Y TEMPORADA DECEMBRINA

Dentro de la heterogeneidad de los trastornos depresivos, tenemos algunos que siguen un patrón estacional, a lo que se le consideran como Trastornos Afectivos Estacionales (TAE). Esta entidad fue descrita por primera vez en el año de 1980 por Norman Rosenthal, quien detectó síntomas afectivos de tipo depresivo de intensidad moderada a grave, producidos en otoño-invierno, alternando con períodos asintomáticos en primavera-verano.

No obstante, también se ha descrito una forma menor de este cuadro, denominado como Trastorno Afectivo Estacional Subsindromático o “Winter Blues”, que corresponde a la aparición de síntomas depresivos moderados en los meses de invierno SIN afectación significativa a nivel funcional.

A pesar de que las estaciones preferentes de recurrencia de los trastornos recurrencia de los episodios del trastorno afectivo estacional son el otoño y el invierno, se han descrito pacientes que manifiestan esta sintomatología en primavera o verano (aunque es muy poco común).

La prevalencia de esta entidad varía del 1 hasta el 12% en la población general, con una incidencia mayor en mujeres y una media de edad aproximada de entre los 20 a 35 años. Dentro de los factores que influyen en esta variabilidad de cifras, se encuentra la latitud, condiciones climáticas y etnicidad.

En relación con un área geográfica concreta no solo depende de la cantidad de luz irradiada (duración y claridad). Existen otros factores como polución, nubosidad y la escasez de luz debido a la construcción, que la afectan. Los pacientes con TAE prefieren días fríos, pero luminosos; que días nublados calurosos, lo que sugiere que la temperatura es menos importante que la luz natural para el desarrollo de los síntomas en estos pacientes.

AGENTES CAUSANTES DE SU APARICIÓN

Es una entidad multifactorial, sin embargo se han propuesto diversas hipótesis del TAE que incluyen factores genéticos (antecedentes familiares), fisiologícos (retrardo de fase en los ritmos circadianos respecto al ciclo sueño-vigilia, la existencia de una disfunción serotoninérgica, alteraciones en la secreción de melatonina y cortisol, alteraciones en la temperatura corporal y ambientales (presencia de cambios neurobiológicos asociados a la intensidad y duración de la exposición a la luz solar).

MANIFESTACIONES CLÍNICAS

A continuación, se enlistan los síntomas más frecuentes del TAE (sea o no subsindromático)

• Disminución de la actividad Física o Pérdida de Energía (anergia)

• Tristeza (se puede manifestar como llanto fácil o extrema irritabilidad)

• Aumento de síntomas ansiosos (manifestado como aumento en el apetito y avidez por consumir carbohidratos o inquietud psicomotriz con dificultad para mantener la calma) • Alteraciones en el apetito (usualmente hay un incremento)

• Alteraciones en el sueño (frecuentemente se presenta como somnolencia excesiva) • Disminución de líbido sexual.

• Alteraciones en ciclo menstrual

 

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en el texto revisado de su quinta edición (DSM-5-TR), consensuado por la Asociación Psiquiátrica Americana (APA,2022) lo contempla como un especificador dentro del Trastorno de Depresión Mayo Recurrente; teniendo en cuenta los siguientes criterios:

A. Ha habido una relación temporal regular entre el inicio de ios episodios de depresión mayor en el trastorno de depresión mayor y un momento del año particular (otoño o invierno). No se incluyen los casos donde el factor ambiental desempeña un factor importante de estrés como el desempleo que regularmente se presenta en época invernal.

B. Las remisiones totales (ausencia de síntomas significativos que ocasionan la disfunción global del paciente en un periodo de 12 meses) también se producen en un momento del año característico.

C. En los últimos dos años se han producido dos episodios de depresión mayor (con patrón estacional) así como episodios de depresión mayor no estacional durante el mismo período.

D. El número de episodios de depresión mayor estacionales supera notablemente el número de episodios de depresión mayor no estacionales que pudieron haber sucedido a lo largo de la vida.

Este patrón de aparición y remisión de los episodios tiene que haber sucedido durante un período de al menos dos años, sin episodios no estacionales durante este período.

Hay que recordar que como cualquier otra enfermedad mental (psicopatología), la sintomatología debe causar un malestar clínicamente significativo que condiciona a su vez un deterioro en las diferentes esferas de funcionamiento del individuo (area laboral, social, escolar, familiar, etc).

ABORDAJE Y TRATAMIENTO

Primero se deberá descartar, cualquier patología médica no psiquiátrica que posiblemente esté condicionando la sintomatología depresiva como son los trastornos endocrinológicos (Enfermedades Tiroideas principalmente).

Para su tratamiento, como la mayoría de las enfermedades mentales, se debe tomar en cuenta que este debe ser manejado de forma integral. Existen diferentes herramientas terapéuticas, como son la privación de sueño, fototerapia (terapia con luz brillante), farmacoterapia (depende del grado de severidad del cuadro y únicamente puede ser indicado bajo supervisión médica) y psicoterapia (terapia del ritmo social e interpersonal). Cada una de ellas, deberá ser indicada por un profesional de la salud mental con base a las características y necesidades individuales cada paciente.

Entre más pronto se inicie tratamiento menor será el riesgo de disfunción en la vida de la persona que lo está padeciendo, favoreciendo también el riesgo de menor recaídas a lo largo de su vida. No recibir la ayuda adecuada aumenta la gravedad de los síntomas, llegando a aumentar el riesgo de suicidio. Está demostrado que las personas con pensamientos suicidas tienen menos probabilidades de buscar ayuda en comparación con aquellas sin pensamientos suicidas.

 

AUTOR: Dr. Ángel Silva. 

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