¿Qué pasa en el cerebro cuando nos enamoramos?

¿Qué pasa en el cerebro cuando nos enamoramos?

Autoría: Psicóloga Karla Melgarejo Frutos

Numerosas veces hemos encontrado información de los hallazgos que, desde las neurociencias se han hecho acerca de lo que sucede en nuestro cerebro cuando hacemos cosas, mientras experimentamos emociones, o ante los estímulos del ambiente. Estos hallazgos han contribuido a los conocimientos en psicología, es decir la ciencia de la conducta. La evidencia que rescata la neuropsicología explica cómo es que la información de las experiencias en torno al amor se manifiesta en el encéfalo, más aún se ha podido conocer cuáles son las estructuras involucradas cuando nos enamoramos.

La representación del amor en el encéfalo (y todas las emociones) incluye la combinación de hormonas y redes neuronales, el amor tiene tres componentes; pasión, intimidad y compromiso. El amor se observa en el cerebro de manera diferente, dependiendo de su composición. A manera de ejemplo; el amor de compañerismo entre la pareja tiene un menor componente de pasión, pero el compromiso y la intimidad un nivel alto.

El amor romántico cuyos componentes son pasionales se observa con un nivel elevado de actividad en el área tegmental ventral; en el mesencéfalo y en los ganglios basales que forman parte del circuito de recompensa de la dopamina por lo que se explica que esta clase de amor es una experiencia meramente placentera, supone riesgo, aventura y la persona se encuentra altamente motivada. Este mismo amor romántico presenta actividad en la parte posterior del giro cingulado, en el septum, el núcleo caudado y el hipocampo, por lo que podemos entender que el componente de pasión suele caracterizarse con formas obsesivas de pensamiento acerca de la pareja con imágenes e ideas intrusivas. Sin en algún momento hemos experimentado amor romántico, bien sabemos cómo es, hay mucha emoción, pensamientos y nuestra conducta es impulsiva. El amor íntimo y de compromiso suele ser a largo plazo, se ha descubierto que las personas que lo viven muestran actividad en los circuitos de recompensa de la dopamina y los ganglios basales como en el amor romántico, pero también muestran actividad en el sistema límbico y el mesencéfalo, incluyendo el tálamo y la ínsula; donde se contienen las neurohormonas oxitocina y vasopresina, ambos químicos asociados a otros estados; la oxitocina a las preocupaciones por la pareja y la vasopresina al estrés, como en algunos animales machos al momento del apareamiento. Es interesante cómo estos circuitos de la recompensa, el sistema límbico y demás redes neurales, así como neurotransmisores como la dopamina y la oxitocina tienen un papel importante en una de las primeras relaciones que formamos en la vida; la relación de amor con la madre.

Y, como muchas veces el amor duradero comienza por ser una linda amistad, es oportuno decir que hay cuatro áreas del cerebro que responden fuertemente al interactuar con las amistades: amígdala, hipocampo, núcleo accumbens y la corteza prefrontal ventromedial. Se activan conjuntamente solamente cuando se trata de amigos, no en interacciones con otras personas. A la amígdala se le relaciona con las emociones positivas y negativas, la corteza prefrontal con la regulación de las mismas, el hipocampo con la memoria y reconocer rostros, por último, el núcleo accumbens se asocia con las acciones de recompensa y motivación. Todas ellas, áreas relacionadas con el amor y, curiosamente el apego materno, importantes cuando las relaciones que formamos con otros seres humanos nos hablan del sentido de pertenencia en tanto somos seres sociales. Hay todavía mucho por aclarar acerca de la implicación y la importancia que tienen estas áreas en el enamoramiento o el amor comprometido, basta con saber que algo se mueve dentro y no es precisamente en el corazón.

Fuente: Hayes, N. (2019). Tu cerebro y tú. Un manual sencillo de Neuropsicología. Ed. Obelisco: España.