Dieta y Microbiota

Dieta y Microbiota

Hablemos de Dieta y Microbiota

“Que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina” postuló, cuatro siglos antes de nuestra era, Hipócrates de Cos, considerado el padre de la medicina. La influencia de nuestra alimentación en la salud ha quedado demostrada a lo largo de la historia, en la actualidad se sabe que los hábitos dietéticos influyen -para bien o para mal- en el funcionamiento del organismo. Por otra parte, cada vez se conoce más y mejor el protagonismo que la microbiota, integrada por trillones de microorganismos que pueblan el intestino humano, tiene no solamente en el funcionamiento digestivo, sino en la salud mental. 

La microbiota incluye diversas variedades de microorganismos tales como bacterias, virus, hongos y protozoarios que interactúan constantemente con nuestros tejidos de manera tal que no es exagerado afirmar que nuestra salud se basa, así sea parcialmente, en la relación armónica entre nuestros sistemas orgánicos y la microbiota que está sometida a cambios determinados por la edad, el sexo, la genética, la actividad física, el uso de medicamentos, el estrés y los hábitos de alimentación, es decir, el tipo de dieta que tengamos.

En la actualidad se sabe que el inevitable proceso de envejecimiento está asociado con la inflamación como un factor determinante del deterioro de los tejidos, los órganos, y los aparatos y sistemas del organismo. La inflamación en el envejecimiento determina, a su vez, un daño orgánico que deriva en un estado de fragilidad de la persona y pérdida de funciones que frecuentemente se asocia con restricción en la variedad y calidad de la alimentación, lo cual impacta negativamente en la microbiota, en su diversidad, se asocia con pérdida de peso, de tejido muscular y de la salud en general. Estudios clínicos actuales han centrado su atención en la influencia de la dieta en la relación entre microbiota y salud, por ejemplo la llamada dieta mediterránea, una de las más antiguas de la humanidad, que incluye aceite de oliva, vegetales, cereales, frutos secos, y una mezcla razonable de carne roja y lácteos, esto implica que hasta grasas saturadas en cierta concentración, constituyen un factor que favorece la diversidad de las bacterias benéficas de la microbiota, lo benéfico de estas bacterias consiste en la producción de ácidos grasos de cadena corta, entre otras moléculas, que aumentan la producción de sustancias con acción antiinflamatoria, todo lo cual se traduce en menor fragilidad.

Dieta Keto

En el otro polo de la dieta mediterránea, que beneficia a la microbiota, está una dieta que se ha puesto de moda: la dieta cetogénica o “keto” que consiste en la sustitución de los carbohidratos (azúcares) como fuente de energía por lípidos (grasas) que a su vez producen en nuestro organismo unas sustancias llamadas cuerpos cetónicos, de ahí lo de “keto”, el problema es que nuestra microbiota necesita carbohidratos como fuente de energía y al disminuirlos y cambiarlos por grasas, la población de bacterias benéficas de la microbiota disminuye y aumenta la de otras que producen compuestos que favorecen la inflamación y aumentan la permeabilidad de la pared intestinal a sustancias potencialmente tóxicas.

Por eso es importante, antes de hacer modificaciones relevantes en nuestros hábitos de alimentación, consultar a especialistas debidamente certificados como son los profesionales de ciencias de la nutrición y de la gastroenterología.

Autor: Dr. Rafael Pérez Huacuja 

Especialista en gastroenterología y medicina interna

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