incertidumbre

¿DÓNDE SE SIENTE LA INCERTIDUMBRE?

INCERTIDUMBRE

Pocas sensaciones son tan incómodas y molestas como la de no saber qué va a pasar, desconocer el futuro, no poder controlar las condiciones de lo que va a venir… finalmente depender de lo oscuro y de variables con hilos que yo no tengo para que me pasen cosas importantes de mi vida.
Es la incertidumbre es la base más constante de una de las emociones que estamos muy acostumbrados a mencionar y repetir cuando nos sentimos mal: la ansiedad.
Todos la hemos sentido, pero pocas veces, o ninguna, hemos desmenuzado el ejercicio de cómo es que se produce, y aquí trataremos de correlacionarla con los sitios mágicos del cerebro que se encargan de detectarla, procesarla, analizarla y dar respuesta y seguimiento.

Fuentes generadores de incertidumbre

Podemos decir que existen dos fuentes de dónde se puede generar la incertidumbre – ansiedad.
La primera de ellas depende de situaciones externas, del medio ambiente, donde nos enfrentamos a eventos estresantes, a veces programados, a veces inesperados, donde queremos un desenlace, hacemos todo lo posible para que sea así, pero el desenlace ya no depende de nosotros.
Para estos casos detectamos todos los detalles del mundo a través de los órganos de los sentidos, que cada uno de ellos lleva la información a los lugares en la corteza cerebral que se encargan de registrarlos, se procesa la información y se lleva a unos sitios súper interesantes que se conocen como cortezas de asociación, “centros de procesamiento” donde se combinan los datos de las diferentes modalidades sensoriales (visuales, auditivas, olfativas y táctiles) para enviar el producto final al sistema límbico.
Espacio que ya hemos mencionado en otras columnas como el foco del cerebro emocional, pero en este caso, activando los sustratos de memoria y recuerdos, con lo cual podemos aumentar de forma exponencial nuestra capacidad de análisis de cada una de nuestras sensaciones.
Aquí mismo, se encuentra un lugar clave: la amígdala. Esta estructura se enciende y se excita para que prendamos las alertas de que estamos enfrente de algo diferente, que nos está robando la paz y que le tenemos que poner atención, a veces urgente, otras programado.
Se produce ya un conglomerado increíble con todo este manejo y se envía a la corteza prefrontal que se encarga de generar un juicio final con todo esto y decidir qué tipo de reacción tenemos que echar a andar con la finalidad de volver a una situación de equilibrio, de tranquilidad.
La segunda vía es la inversa, donde comenzamos con el involucro de tensiones y estrés que comienza por preocupaciones internas que caminan hacia el sistema límbico y que ahí ocasionan la ya multi mencionada sintomatología ansiosa con sus consecuencias de toma de decisiones para tratar de alcanzar un momento de calma.
Ya sea por cualquiera de estos dos caminos, el principal mensaje a llevar a casa es el de aprender a contener de forma educada, sistemática y eficaz el crecimiento desmedido de la incertidumbre. Aprender a identificarla, medirla y vacunarla por medio de la tradición recurrente de que los problemas se resuelven en el aquí y el ahora y entendiendo como disciplina que mientras más tratemos de anticipar de forma excesiva el futuro, solamente crearemos mejores condiciones de tierra fértil para el crecimiento de la ansiedad

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